Vídeo: Neymar recupera la sonrisa

Sonrojada hace tres días por Sudáfrica, a la que solo pudo doblegar por la mínima, la selección brasileña maquilló la flojísima actuación que protagonizó en el estadio Morumbí con una goleada rotunda frente a China (8-0). Nada pudo hacer el combinado dirigido por el técnico español José Antonio Camacho, entregado a las acometidas de La Canarinha, deseosa de resarcirse ante su público, que brindó una sonora pitada a sus jugadores en el amistoso de la semana pasada. Se repuso Brasil, a costa de un rival de tallo bajo, y también su mejor solista: Neymar.


Muy criticado por su rendimiento en la última cita de la seleçao, el delantero del Santos se redimió con un triplete que hizo que los silbidos del otro día se tornasen en aplausos. No comenzó, no obstante, del todo fino. Desperdició un par de oportunidades en el primer tramo del encuentro. Una de ellas, un testarazo prácticamente sobre la línea de gol que cruzó en exceso. Sin embargo, no falló después, a los 25 minutos, cuando batió al meta chino a bocajarro tras una asistencia impecable de Oscar. Se alió en el segundo acto con Marcelo para ampliar su cuenta y selló su desquite con otro tanto sencillo, de empujar, después de otro magnífico pase del medio del Chelsea.

Despuntó Oscar, soberbio entre líneas, preciso a la hora de enhebrar el juego de su equipo. Se unió además a la fiesta goleadora con la última diana de Brasil, que con la panza ya llena decidió aparcar los cubiertos. El resultado, previamente, lo habían alimentado Ramires, Lucas, Hulk -autor del gol ante Sudáfrica hace tres días- y Liu Jianye, que metió el balón en su propia portería. Se entonó, por tanto, Brasil, que por primera vez desde que el seleccionador Mano Menezes lleva sus riendas venció por más de cuatro goles y rubricó su primera victoria por ocho goles de diferencia desde 2006.

Si bien es cierto, contra un rival testimonial, China. El equipo de Camacho está ubicado en el puesto 78 del ránking de la FIFA, llegó a Recife con solo 17 jugadores y tras 21 horas de viaje. Fue, sin duda, el mejor bálsamo para Brasil. También para Neymar, de nuevo con una sonrisa en la boca.

ElPais